Más de 20 horas después de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron a Venezuela, la presencia de equipos de rescate y de maquinaria para remover las toneladas de escombros era escasa. Vecinos —entre ellos sobrevivientes—, familiares y voluntarios utilizaban sus manos y cualquier tipo de herramienta con la que pudieran mover los escombros que mantenían sepultadas a cientos de víctimas
Muchos creen que la tragedia que está viviendo La Guaira supera los terribles momentos del deslave de 1999, al menos en términos de infraestructura. Hasta ahora no se ha terminado de rescatar a todas las víctimas —que podrían elevarse a miles— que permanecen, más de 24 horas después, bajo los escombros de los edificios que colapsaron en cuestión de segundos.
Hay personas que sienten la necesidad de hablar y reclamar a las autoridades por la respuesta tardía para comenzar los rescates de las personas, vivas y muertas, pero prefieren no declarar ante las cámaras.
El jueves, más de 20 horas después de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron a Venezuela, la presencia de equipos de rescate y de maquinaria pesada para remover las toneladas de escombros seguía siendo escasa en la entidad. Ante la magnitud del desastre, cualquier despliegue de uniformados resultaba insuficiente.
Habitantes de La Guaira —entre ellos sobrevivientes—, familiares y voluntarios que incluso se movilizaron desde Caracas utilizaban sus manos y cualquier tipo de herramienta con la que pudieran mover los escombros que mantenían sepultadas a cientos de víctimas.
En todos los sectores es imposible remover los escombros sin equipo especializado debido a la complejidad de la tragedia.
El ambiente es tan impactante y desolador que, a pesar de que algunos sostienen que la fe “es lo último que se pierde”, otros ya daban por hecho que sus familiares habían fallecido.
