Entre fuertes medidas de seguridad por temor a la violencia armada, Colombia elegirá este domingo a su nuevo presidente en un balotaje histórico entre dos modelos ideológicos y económicos enfrentados.
El favorito Abelardo de la Espriella, un “outsider” de ultraderecha que busca emular al presidente salvadoreño Nayib Bukele con su política de “mano dura”, se enfrenta al heredero del presidente Gustavo Petro, el senador izquierdista Iván Cepeda.
La mayoría de las encuestas, divulgadas en los últimos días, auguran un claro triunfo de De la Espriella, postulante respaldado por Donald Trump, con una ventaja de entre tres a siete puntos. Solo Celag Data vaticinó una victoria del candidato del Pacto Histórico por muy escaso margen en un escenario de empate técnico.
“La muerte anunciada, como decía (Gabriel) García Márquez, indica que va a ganar Abelardo por una diferencia tan considerable como para invalidar reclamos por fraude, que ha sido el único argumento que en primera vuelta manejaron Petro y su candidato Cepeda como reacción” a su inesperada derrota, dijo a TN el asesor y analista argentino Ángel Beccassino, considerado un verdadero “gurú” de las campañas electorales en Colombia.
En la primera ronda del 31 de mayo, el candidato del partido ultraderechista Defensores de la Patria ganó con alrededor de tres puntos de ventaja (43% a 40%) sobre Cepeda.
La Constitución colombiana prohíbe la reelección consecutiva. Por ello Petro no pudo ser el candidato natural de la izquierda. El ganador asumirá el gobierno el 7 de agosto por los próximos cuatro años (2026-2030) .
Inseguridad y desafíos
Más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar en un clima crispado por una ola de violencia vinculada a la guerrilla y el narcotráfico que sacude el país desde hace tiempo y que incluyó el asesinato de un precandidato presidencial el año pasado.
El gobierno estima que 27.000 hombres están hoy en armas en 16 zonas en disputa territorial entre las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), grupos paramilitares y organizaciones criminales y del narcotráfico.
En la primera vuelta de las elecciones se desplegaron 248.000 policías y militares para custodiar el proceso electoral. Se prevé ahora un escenario similar.
La violencia endémica que enfrenta el país desde hace décadas será sin dudas uno de los principales desafíos del nuevo presidente, además de afrontar un pronunciado déficit fiscal del 7% del PBI y una crisis sanitaria que puso en jaque al sistema de salud.
