Esta iniciativa surge en un contexto de creciente preocupación por el impacto que las redes tienen sobre la salud mental, el desarrollo cerebral y la convivencia escolar.

El Omar Exeni, quien presentó el proyecto, se reunió con la fiscal de Ciberdelitos Sofía Cornejo, momento en que se trató una problemática alarmante: el uso de las redes sociales para hostigar, exponer y hacer bullying entre estudiantes.

De los casos de conflictos escolares surgió un dato alarmante, ya que el 98% incluyen algún tipo de uso de redes sociales para escraches, burlas o agresiones, impactando a alumnos del primario y secundario.

Uno de los respaldos científicos se apoya en estudios neurobiológicos que advierten sobre el riesgo del uso temprano de redes, ya que según la psiquiatra Marian Rojas Estapé, antes de los 16 años la corteza prefrontal, que es la responsable del control de impulsos y la toma de decisiones, no están completamente desarrolladas.

En ese sentido, las redes sociales actúan como “droga digital”, generando estímulos constantes que afectan la atención y promueven la gratificación inmediata, debilitando la tolerancia a la frustración.

La exposición constante a la comparación social eleva los niveles de estrés, que pueden derivar en ansiedad, depresión y problema de autoestima en adolescentes.

El psicólogo social Jonathan Haidt plantea en sus investigaciones que la edad mínima para el acceso a redes sociales debería ser a los 16 años, ya que advierte que una infancia “basada en el juego”, “basada en el teléfono”, impacta en el desarrollo de habilidades sociales, calidad de sueño y capacidad de concentración.

Otro antecedente se respalda en la psicología y psicopedagogía clínica, especialistas sostienen que el uso de redes antes de los 16 años puede generar efectos negativos: fragilidad de la identidad en construcción, dependencia de la validación externa, disminución de la atención sostenida y el deterioro de la comprensión lectora. Además, la falta de interacción cara a cara puede llevar a un déficit en el desarrollo de la empatía y dificultad para el control de impulsos, lo que expone a los menores a situaciones de riesgo en entornos digitales.

La iniciativa del diputado busca abrir un debate profundo sobre el rol de la tecnología en la infancia y la necesidad de establecer límites claros para proteger a los más chicos.