El Xeneize necesitaba ganarle a U. Católica en La Bombonera para clasificar a los octavos de final, pero perdió 1-0: quedó 3° en su grupo y disputará los playoffs de la Sudamericana.

Otra noche catastrófica, de fin de ciclo generalizado, con pinceladas de la noche fatídica Alianza Lima, con el peso de tres años sin títulos y otro paso fugaz por la Libertadores que tiñe de fracaso el semestre y mancha con tinta indeleble al mismísimo Juan Román Riquelme, indisimulable responsable de otro papelón. El pato, como siempre, lo va a pagar el técnico de turno que en definitiva hizo lo que pudo y la pifió como la pifiaron otros. Ibarra, Battaglia, Gago, Martínez. Ubeda se suma al club de los entrenadores a los que les quedó enorme el cargo, pero el verdadero responsable no se dejó ver anoche en una Bombonera que tuvo piedad y dejó una cortina de silbidos y algunos insultos antes de soltar, casi por no poder contenerlo, el «que se vayan todos» y «la Comisión, la Comisión», que no dejan a nadie fuera del aplazo. Boca terminó con un jugador desgarrado, un Paredes que apenas se podía mover, y un Cavani cada vez más abrigado que desde el palco suma a esta postal de la debacle.

Un rato largo antes del gol de Católica, un verdadero electroshock para toda la Bombonera, Boca estaba desenfocado, fuera de eje. El movete Boca movete con el que la gente reaccionó al tremendo zurdazo de Montes puso en palabras el clima que se estaba cocinando en la cancha, reflejo de un equipo que salió a jugar como si fuera un partido más y no una final que definía un semestre, un año, la suerte de un entrenador, de parte del plantel… y del futuro político de una dirigencia.