Con los pies cansados, el rostro marcado por el frío y la altura y una fe que los sostuvo durante cientos de kilómetros, los peregrinos de la Puna llegaron ayer lunes a la Catedral a los pies del Señor y la Virgen del Milagro.

También arribaron los fieles de Nazareno e Iruya, que recorrieron unos 340 kilómetros.

La emoción volvió a hacerse sentir este lunes en las calles de Salta. Después de más de 10 días de caminata, 12.000 peregrinos de la Puna, aproximadamente, llegaron a la ciudad para encontrarse con los Santos Patronos.

La columna central que se concentró el 7 de septiembre en San Antonio de los Cobres atravesó un recorrido marcado por la altura, el frío, el viento y el cansancio. Peregrinos de San Antonio de los Cobres, Tolar Grande, Mina Patito Antofagasta de la Sierra, quienes iniciaron los primeros pasos, avanzaron durante días hasta ingresar a esta la capital.

El último tramo fue especialmente emotivo. Desde la madrugada, se iniciaron la caminata final desde Campo Quijano donde los caminantes fueron acercándose a la Catedral, muchos con lágrimas en los ojos, abrazados entre ellos y acompañados por bombos, cantos y banderas. Para muchos, llegar hasta los pies de las imágenes significó cumplir una promesa, agradecer por la vida o pedir por sus familias.

La Puna no fue la única columna que protagonizó una de las jornadas más conmovedoras del Milagro. Los peregrinos de Nazareno e Iruya recorrieron alrededor de 340 kilómetros para llegar a Salta y participar de las celebraciones centrales.

Son caminos diferentes, pero una misma razón: llegar. Algunos caminaron durante días; otros enfrentaron temperaturas extremas y largas jornadas de ruta. Todos terminaron confluyendo en un mismo lugar, frente a la Catedral, donde el cansancio quedó atrás por unos minutos y la emoción se convirtió en lágrimas, abrazos y oración. Salta volvió a recibir a sus peregrinos. Y detrás de cada paso, quedó una historia de fe, esfuerzo y promesas cumplidas.

Monseñor Bernacki

Durante 18 años, su figura se volvió inseparable de la tradicional peregrinación de la Puna. Año tras año, Monseñor Dante Bernacki caminó junto a los peregrinos, compartiendo el frío, el cansancio, las largas jornadas y la emoción de llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro.

Para muchos de ellos, la llegada tuvo además un significado especial: Bernacki no estaba caminando a su lado, pero su presencia formó parte de la historia de ese grupo humano.

Este año, el abrazo con la Catedral fue diferente. La Puna llegó igual, en el recuerdo un sacerdote presente.