El obispo castrense de la Argentina, monseñor Santiago Olivera, tuvo a su cargo la homilía de la celebración de este 14 de septiembre, en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

“No hay paz verdadera que no pase por la Cruz”. Con ese mensaje central, monseñor Santiago Olivera, obispo castrense de la Argentina, predicó la homilía durante el segundo día del Triduo de Pontificales del Señor y la Virgen del Milagro, en una jornada marcada por la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

El prelado, quien llegó por primera vez a participar de la celebración del Milagro salteño, destacó la profunda relación entre la Cruz y la historia de esta devoción. Recordó que, en 1692, luego de los terremotos que sacudieron Salta, el pueblo salió en procesión con la imagen del Señor del Milagro y vinculó aquel acontecimiento con la tradición que cada septiembre vuelve a reunir a miles de fieles.

“La devoción del Milagro y la devoción a la Cruz, en Salta, son la misma devoción: la certeza de que Dios no abandona a su pueblo cuando tiembla la tierra, ni cuando tiembla la vida”, afirmó Olivera.

El obispo castrense explicó que la Iglesia no exalta el sufrimiento por sí mismo, sino aquello que Dios hizo con la Cruz: convertirla en el lugar donde el amor vence al mal.

A partir del relato bíblico de la serpiente de bronce en el desierto, invitó a los fieles a mirar de frente aquello que los hiere, en lugar de esconderlo. El dolor, sostuvo, puede ser llevado ante Cristo para encontrar allí un camino de sanación y esperanza. “Cuántas veces buscamos remedio para lo que nos muerde por dentro —el rencor, el miedo, la culpa, el cansancio de la vida— en cualquier lado menos en el único lugar donde de verdad se cura”, reflexionó.

Del papa León XIV

Hizo énfasis en el lema del Milagro 2026: “Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla”.

En ese sentido, sostuvo que la paz que los salteños buscan durante estas celebraciones no significa vivir sin dificultades, sino tener la certeza de que, aun en medio del dolor, existe esperanza.

También recordó las palabras del papa León XIV al iniciar su pontificado y su llamado a construir una paz “desarmada y desarmante, humilde y perseverante”.

“La paz de Cristo no es la ausencia de dificultades. Es la certeza de que, aunque carguemos con la cruz, tenemos esperanza en la resurrección”, afirmó.

El mensaje tuvo además una dimensión concreta. Olivera pidió que la paz recibida durante estos días no quede solamente en una experiencia personal o espiritual, sino que se traduzca en gestos cotidianos.

“Reciban de ahí la paz. Y después, como dice el lema, salgan a servirla, a repartirla: en la propia casa, en el trabajo, en el barrio, con el hermano que tienen al lado”, exhortó.

En el tramo final de la homilía, el obispo castrense invitó especialmente a los peregrinos y devotos a aprovechar estos días del Milagro para acercar sus preocupaciones y dolores al Señor y a la Virgen.

“Miren de frente lo que les está doliendo, llévenlo a los pies de la Cruz y de la Virgen del Milagro, reciban de ahí la paz, salgan a servirla, a repartirla”, expresó.

De esta manera, el segundo día del Triduo dejó un mensaje que atravesó el sentido religioso de la celebración: llevar las cruces personales a Cristo, recibir su paz y transformarla en servicio hacia los demás. Olivera cerró su homilía poniendo nuevamente a la Virgen del Milagro como guía para los fieles: “Que la Virgen del Milagro, que estuvo de pie junto a la Cruz de su Hijo, nos acompañe en este camino”.

Durante la homilía, Olivera llamó a los fieles a encontrar en la Cruz una fuente de esperanza frente al dolor y a transformar la paz recibida en un compromiso concreto de servicio a los demás.

La celebración reunió además a autoridades provinciales y municipales, representantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad y miembros de la comunidad eclesiástica.

El Triduo finaliza hoy con el día del Señor del Milagro, coincidente con la procesión, que este año tiene la característica que podría ser la última encabezada por el actual arzobispo, Mario Cargnello, quien en marzo próximo cumple 75 años, y podría jubilarse; la determinación está a cargo del papa León XIV.