Ayer lunes se cumplieron 27 años de uno de los hallazgos más impactantes de la historia argentina: el descubrimiento de los Niños del Llullaillaco, las momias perfectamente conservadas que hoy son un emblema de Salta a nivel mundial.

El hallazgo se produjo en marzo de 1999, en la cima del volcán Llullaillaco, a más de 6.700 metros de altura, donde fueron encontrados los cuerpos de «La Doncella», «El Niño» y «La Niña del Rayo».

La expedición, encabezada por la arqueóloga Constanza Ceruti y el antropólogo Johan Reinhard, reveló un sitio único.

Los estudios confirmaron que los niños formaban parte de un ritual incaico conocido como Capacocha, una ceremonia sagrada que se realizaba como ofrenda a los dioses.

Las condiciones extremas del lugar permitieron que los cuerpos se conservaran intactos durante más de 500 años, lo que abrió la puerta a investigaciones científicas inéditas.

Gracias a esos estudios, se pudo conocer cómo vivían, qué comían y cuál era el contexto cultural del imperio inca en esa región.

Actualmente, los cuerpos se encuentran en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), donde se conservan bajo estrictas condiciones de temperatura, humedad y luz.

Desde allí, se convirtieron en una de las principales atracciones culturales de Salta y en un caso de estudio reconocido a nivel internacional.

En este nuevo aniversario, la comunidad de Tolar Grande realizó una ceremonia en la base del volcán.

Con ofrendas a la Pachamama y un fuerte contenido espiritual, los vecinos volvieron a poner en el centro el respeto por los ancestros.

El mensaje fue claro: la historia de los Niños del Llullaillaco no solo vive en el museo, sino también en la memoria de los pueblos originarios.

El reclamo que crece: devolverlos a la montaña

Pero el aniversario también reactivó un debate que viene creciendo desde hace años.

En 2022, tras la declaración del Llullaillaco como «sitio sagrado» por parte del INAI, distintas comunidades originarias reforzaron el pedido de restitución de los cuerpos.

El planteo es claro: que los niños regresen al lugar donde fueron encontrados, al considerar que su extracción fue una profanación cultural.

Incluso desde organismos oficiales reconocen que la discusión debe darse. Desde el propio INAI señalaron que serán las comunidades las que decidan el destino final de los restos.

Y no descartan ninguna posibilidad: desde su permanencia en el museo hasta un eventual regreso a la cima del volcán.