
El 29 de julio de 2011, la provincia de Salta quedó marcada para siempre. Ese día, a solo 15 kilómetros del centro de la capital, en la Quebrada de San Lorenzo, encontraron los cuerpos de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni.
Las jóvenes habían sido golpeadas, violadas y asesinadas a tiros. Desde entonces, la causa por el doble crimen se convirtió en un símbolo de dolor, impunidad y reclamos de justicia que, casi 15 años después, siguen sin una respuesta definitiva.
Aunque en los últimos días trascendió en algunos medios salteños la posibilidad de que una comitiva de fiscales y expertos viajara a Francia para continuar con las pericias en ese país, desde la embajada francesa en Buenos Aires confirmaron que fue “un anuncio sin contenido ni fechas reales”.
Mientras tanto, un dato cierto tiene a la investigación en jaque: el tiempo se agota y la causa podría prescribir en apenas cuatro meses.
“Si después de casi 15 años todavía hablan de empezar a investigar y viajar a Francia, ¿qué hicieron realmente durante todo este tiempo?”, resaltó el periodista francés Jean Charles Chatard, en diálogo con este medio.
Asimismo, cuestionó la necesidad de trasladar la investigación al exterior. “Lo que dicen que quieren hacer allá —hablar con especialistas o consultar laboratorios forenses— se puede hacer perfectamente desde Salta”, explicó.
Aquel fatídico 29 de julio, otro turista, un chaqueño llamado Gustavo Héctor Goojon, fue quien encontró los cuerpos de Cassandre y Houria mientras paseaba con su esposa.
Según el ticket de entrada a la reserva ecológica, las chicas habían llegado a la zona el 15 de julio. Sus mochilas fueron encontradas después en el Hostal del Cerro, donde se hospedaban.
Durante el juicio que se hizo por el caso, la encargada de ese lugar, Rosa María Gómez Millet, declaró desde España – donde viajó antes del inicio del debate -, que Cassandre le había dicho que iban a la Quebrada de San Lorenzo porque tenían “amigos y conocidos”.
Ni ella ni nadie, pudo explicar por qué no denunció la ausencia de las jóvenes cuando no regresaron ese día, ni tampoco en los 14 que siguieron hasta que aparecieron los cuerpos.
Las pericias tampoco aportaron claridad. Por el contrario, abrieron distintas hipótesis. Una de ellas concluyó que a las jóvenes las mataron entre 48 y 72 horas antes del hallazgo.
La otra pericia estableció que los crímenes ocurrieron el 15 o 16 de julio. Es decir, pocas horas después de que fueran vistas por última vez.
El traslado de los cuerpos se hizo de madrugada, a las tres de la mañana del 30 de julio, sin preservar la escena ni proteger las pruebas. Así empezó a cobrar forma uno de los casos más oscuros y polémicos de los últimos años.
Desde el primer momento, el asesinato de las jóvenes amigas trascendió las fronteras argentinas. Para Chatard, nunca fue un crimen más.
El caso tuvo una dimensión internacional y rápidamente se instaló la sospecha de “un sistema opaco en la estructura político-judicial de Salta para proteger a los verdaderos responsables, que hasta hoy siguen libres y gozan de una impunidad escandalosa“, señaló el periodista francés.
