
El periodismo deportivo argentino está de luto. Este viernes falleció a los 85 años Ernesto Cherquis Bialo, una de las plumas más influyentes y respetadas del país, tras atravesar un delicado cuadro de leucemia.
Nacido en Montevideo en 1940, pero profundamente identificado con la Argentina, donde desarrolló una carrera que se extendió por más de seis décadas, en la que dejó una huella imborrable en el periodismo deportivo.
Su nombre está íntimamente ligado a la histórica revista El Gráfico, la publicación más emblemática del deporte nacional, donde trabajó durante más de 30 años y llegó a ser director entre 1984 y 1990. Desde allí construyó un estilo narrativo propio, capaz de combinar información, literatura y análisis con una profundidad poco habitual.
Especialista en boxeo, cubrió peleas históricas y desarrolló un vínculo cercano con figuras legendarias como Muhammad Ali, Carlos Monzón y Ringo Bonavena. Su mirada sobre el ring trascendía lo deportivo: interpretaba cada combate como un fenómeno cultural y humano.
También tuvo una relación directa con Diego Maradona, de quien fue biógrafo y analista. A lo largo de su carrera, fue testigo privilegiado de algunos de los momentos más importantes del deporte mundial.
En radio y televisión mantuvo la misma impronta que en la gráfica, mientras que en sus últimos años continuó activo en medios digitales, donde seguía publicando columnas con su sello característico.
Además, entre 2008 y 2016 se desempeñó como Director de Medios de la AFA, consolidando su rol institucional dentro del fútbol argentino.
En agosto de 2024 había sido reconocido como Personalidad Destacada del periodismo deportivo por la Legislatura porteña, donde dejó una frase que sintetiza su esencia: «Soy un contador de historias y nuestra vida es el otro».
Su muerte deja un vacío difícil de llenar. Más que un periodista, fue un narrador del deporte, un testigo privilegiado de épocas doradas y una referencia obligada para generaciones enteras.
