El objetivo primordial del oficialismo es claro: blindar los acuerdos políticos y conseguir los votos necesarios para avanzar con la reforma electoral antes de que finalice el año.

Durante las reuniones mantenidas en el marco de la Argentina Week en París -encabezadas por el ministro de Economía, Luis Caputo, y el jefe de Gabinete, Diego Santilli- quedó al descubierto que el gran motor detrás de esta avanzada es la economía. Según reconocieron desde el propio Gabinete, los capitales globales exigen previsibilidad y garantías absolutas sobre la reelección presidencial para destrabar inversiones postergadas.

En este engranaje, el punto más sensible es la eliminación de las PASO. Cerca de la cúpula libertaria saben que su supresión allanaría drásticamente el camino hacia el 2027, al evitar que la oposición se nuclee bajo el paraguas de las primarias.

Sin embargo, el camino no está libre de obstáculos. En el cónclave con los 13 mandatarios provinciales, la respuesta fue tajante ante las exigencias de la Rosada.

Los gobernadores advirtieron que, si el Ejecutivo no muestra flexibilidad y no sella pactos de «no agresión» distrito por distrito, la reforma electoral se trabará inexorablemente en el Congreso. Pese a las tensiones y los tironeos propios de una negociación compleja, desde el entorno oficialista confirmaron que hay «buena sintonía» y se abrió un canal de diálogo mano a mano para definir alianzas estratégicas de cara al futuro político del país.