El presidente Javier Milei considera, en lo más íntimo, que son injustas muchas de las críticas que recibe desde la cúpula de la Iglesia católica.

Sin embargo, los obispos no hacen más que reflejar una realidad: millones de personas sufren por no poder satisfacer sus necesidades básicas y las de sus familias, además de manifestar su preocupación por el clima de crispación que se vive en la Argentina, motorizado desde la política y, en particular, por los insultos que, muchas veces, salen de la boca del propio Presidente.

El titular del Episcopado, monseñor Marcelo Colombo, viene transmitiendo su inquietud —y la del cuerpo eclesiástico que conduce— por los problemas económicos y sociales que ven a diario miles de sacerdotes a lo largo del país. En la misma línea se pronuncia el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva.

En realidad, los dos no hacen más que seguir el camino que había marcado el papa Francisco, o Jorge Bergoglio, cuando habitaba suelo porteño.

León XIV es considerado un discípulo de Bergoglio, que conoce muy bien la realidad latinoamericana y no ha dudado en enfrentarse una y otra vez con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien Milei se ha alineado incondicionalmente.

Habrá que ver cómo capitanea esta cuestión el jefe de la Casa Rosada cuando reciba a León XIV, si se concreta su visita en los primeros días de noviembre.