Murió a los 82 años uno de los editores más influyentes y polémicos de la prensa argentina. Brillante, mordaz y obsesivo, moldeó el estilo de las grandes revistas y dejó una escuela que todavía perdura.

Fue un periodista tremendo, inagotable, implacable y talentoso. Con una capacidad certera como el rayo para descubrir un buen texto, la posibilidad de una buena nota, o para detectar a un profesional en ciernes, o al tipo al que se le había apagado o atenuado la llamita única de este oficio fantástico.

Le tocó vivir una época sombría del país, si es que hubo alguna que no lo fuese para el periodismo en el último medio siglo: la estupidez solemne de la dictadura de Onganía, el laberinto político del gobierno de Lanusse, la violencia guerrillera y de la Triple A del peronismo de los 70, la feroz dictadura militar del 76, la guerra de Malvinas y la posterior decadencia de las publicaciones de la época. En una Argentina que fue líder de América en materia de revistas, Chiche fue uno de los tipos que mejor supo hacerlas, porque las proyectaba como una extensión de sí mismo.